lustración y prose Oswaldo Mejía
(Derechos de autor, protegidos)
Todos escuchamos sus alaridos, aunque el extraño los hacía en silencio. Su boca fue cosida con alambre, y aun así escupió su “furia”.
Todos veíamos la venda de sus ojos, sin embargo, percibimos su mirada de fuego relamiendo nuestras pieles con su desprecio.
Luego de ello abrió sus alas, pero no voló, levitó… y cuando desapareció entre las estrellas vimos, sobre el lugar donde estuvo posado, un charco azul relleno de penurias viscosas, y al centro, una orquídea púrpura.
He sido testigo de los últimos Apocalipsis, pero la cicatriz más grande que llevo en mi mente, es la que me infirió el extraño con su partida.

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