Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía.
(Derechos de autor, protegidos)
En esta burbuja en la que habito, siempre sobran cosas. Hay en demasía, pues yo mismo las creo, ya que inventé este santuario para que nunca escasee nada. Sólo una vez fue profanada debido a mi incapacidad de fabricar amor, entonces opté por traerlo del exterior.
Quien vino transportándolo, tenía las manos vacías. No tenía alforjas, sus bolsillos no contenían nada, sólo poseía algo que jamás había visto, algo que yo desconocía: una dulce sonrisa que me ofreció y recibí gustoso, asombrado además… nunca había visto una sonrisa que aflore desde el alma e irradie a quien se aproxime a ella.
La extraña propietaria de la sonrisa, me imploró:
-Nunca dejes que mi sonrisa se borre puesto que el amor soy yo, y si el amor deja de sonreír, llora, y si llora, fenecerá de dolor.
“Y DIOS HIZO EL AMOR”

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