En el espacio subterráneo, entre los larguísimos vericuetos de las cloacas, miles de cerdos chapotean entre el lodo y los excrementos, mientras con sus hocicos husmean buscando de manera incesante algún desperdicio que tragar. Muchos han desarrollado corpulencias enormes, y ello les faculta para abusar de los más débiles, a quienes muchas veces, mordisquean arrancándoles trozos de piel y músculo que devoran con avidez. Los que son mordidos, tienen tanta angurria y gula que lamen sus propias heridas sólo por el placer de beber algo de sangre. Los cerdos atacadores, así como los atacados, adoptaron estas costumbres de sus depredadores: los perros salvajes, los chacales y las hienas; todos, carniceros sedientos de sangre.
(Crónicas marranas: segundo nivel)
En el segundo nivel de este mundito que, cual pequeño farol, permanece encendido en algún lugar de los confines de este irreal universo, un piso polvoriento alberga jaurías de perros salvajes, chacales y hienas. En algunos trechos, el suelo presenta agujeros y hoyos de entre tres y cuatro metros por donde estos carnívoros pueden otear a los cerdos que ocupan el nivel de abajo. Los asquerosos cerdos están tan a la mano que basta a los depredadores con estirar el pescuezo para alcanzar a la presa escogida. Aun así, siempre que un cerdo es extraído hacia el segundo nivel, se desatan sangrientas peleas entre las jaurías rivales, facilitando, en muchas ocasiones, a la presa de turno, la posibilidad de escapar con una que otra dentellada y regresar a las cloacas para continuar con su inacabable búsqueda de desperdicios.
Crónicas marranas: tercer nivel
En el tercer espacio, en la parte aérea, allí donde dominan las nubes; justamente allí es la morada de los seres alados, ángeles y mensajeros, que tienen el poder de crear con sus trazos, sus movimientos corporales y sus trinos, mundos utópicos. Son entidades que de vez en cuando descienden para acompañar a los depredadores del segundo espacio y los cerdos del nivel de abajo, en el intento de sembrar espiritualidad en sus escasos o negados cerebros para la sensibilidad.
Cada uno de esos seres alados desciende con la consigna expresa de disminuir la bestialidad reinante en los niveles segundo y primero.
Acaso algún día consigan eliminar esas taras heredadas de la extinta raza humana...


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