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Te vi en eras pasadas, en otrora épocas que se me antojan viscosas, pletóricas de vicio y lujuria, y desde entonces no pude cerrar mis ojos; ellos te buscaban siempre entre la bruma, entre la hierba, entre mis recuerdos. Hasta hoy, que te he vuelto a ver tal cual como ayer, como una isla arrancada del pasado, como si flotaras ajena al transcurrir del tiempo. Igual, idéntica, siempre dispuesta en tu desnudez para las retinas profanas… siempre brindada. He acariciado nuevamente con mi mirada tu tersa piel, tus tibias carnes, y desde el alba de tus muslos volviste a tentarme con tus labios de sonrisa desdentada, cargada de humedad y feromona que no permite resistirme, que me atrae, que me somete, que amenaza con hacer explotar mis entrañas, e inundar las tuyas con mis despojos. Ahora sí puedo cerrar mis ojos y descansar pues he vuelto a ver tus labios sonriendo.


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