Ilustración y prosa de Oswaldo Mejía
(Derechos de autor, protegidos)
La mujer vieja y ciega derramó monedas de oro desde sus dedos de ave, pero el tintineo de las mismas fue estéril e inútil. El hijo del hombre continuó su andar...ni se inmutó; no hubo brillo que detuviera su paso. Sus calígulas polvorientas y raídas pisotearon las monedas sin siquiera enterarse qué rostro se había acuñado en ellas...

No hay comentarios:
Publicar un comentario